domingo, 20 de septiembre de 2015

DON CARLO- TEATRO COLON

DON CARLO
OPERA DE GIUSEPPE VERDI- LIBRETTO DE JOSEPH MERY Y CAMILLE DU LOCLE
BASADO EN LA OBRA TEATRAL DON CARLOS DE SCHILLER.
VERSION EN ITALIANO DE ACHILLE DE LAUZIERE Y ANGELO ZANARONI
CORO Y ORQUESTA ESSTABLES DEL TEATRO COLON
DIRECCION MUSICAL –IRA LEVIN
DIRECCION ESCENICA ,ESCENOGRAFIA Y VESTUARIO –EUGENIO ZANETTI
DIRECCION DEL CORO –MIGUEL MARTINEZ
TEATRO COLON

No es lo más usual que después de una función de Opera el mas entusiastamente aplaudido sea el director escénico ( de hecho últimamente gracias a las puestas revolucionarias, lo más común es que sea abucheado ). Cuando esto ocurre es porque han ocurrido una de dos cosas o las dos a la vez : que la puesta haya sido magnífica o que la parte musical y los intérpretes en particular hayan tenido serias limitaciones.
La puesta de Zanetti gustó a todos, y a mí también, porque representa una bienvenida vuelta a las puestas que toman en serio la obra que están presentando y hacen un honesto intento de intermediar entre el público y el autor para mostrarle al primero qué es lo que el segundo quiso hacer cuando escribió su texto.
Zanetti ambientó su versión (y esto hoy en día suena casi revolucionario por lo inusual) en la Corte de Felipe II de España, que es donde Schiller y –Verdi han ubicado su drama.
Y lo hizo además con un gran despliegue visual, digno de la magnificencia del escenario del Colón, que hizo en algunos momentos recordar épocas  más felices del Teatro. En primer lugar el vestuario fue sencillamente deslumbrante e imagino la alegría principalmente de los cantantes nacionales que harán el segundo elenco cuando vieron que subirían al gran escenario lírico de Argentina con un marco digno de su importancia en la vida cultural del país.
La escenografía inteligentemente jugó con las apariencias. Un  imenso columnado ocupó la parte delantera del escenario y con un uso adecuado de la iluminación ( que además renunció a las tinieblas que se han puesto de moda en las versiones “ modernas “ y nos permitió ver los rostros de los cantantes ) y del escenario giratorio, fue creando con  pocos elementos colgantes y proyecciones, los diversos ambientes. NO TODO LO QUE SE VIÓ FUE ELEGANTE. A mí me desagradó el escenario de la primer escena, que se repite en la escena final con una imensa mano  que lleva incrustado en el brazo  un corazón rojo que brilla, y también el huevo que se proyecta en la escena siguiente, sobre el panel trasero ( ver foto )- Pero fue impresionante la Escena del _Auto de Fe con el enorme Cristo crucificado en la parte trasera.
MENOS LOGRADO ME PARECIÓ EL TRABAJO DE Zanetti como director de actores. Con dos feas gaffes y un gran acierto en la Escena del Auto de fe. El acierto fue la forma en que manejó todo el tema de los condenados a la hoguera, que fueron traídos a escena prácticamente desnudos y muy golpeados, obligados a recibir contra su gusto la bendición del sacerdote y en el momento final del acto quemados vivos en la mitad del escenario con un magnífico juego de humo luces y una marcación excelente de los dos actores que ejecutaron movimientos propios de un cuerpo que es consumido por el fuego.
LA PRIMER FALLA VINO CON LA ENTRADA DEL Rey en escena, que llega con su séquito y se coloca en el centro del escenario. Detrás de  él viene el heraldo que canta ,seguramente sin que nadie haya percibido la contradicción , la frase que Verdi escribió ( CHIUSA SIA LA PORTA DEL TEMPIO…… QUE ABRAN LA PUERTA DEL TEMPLO Y QUE NOS DEVUELVA A NUESTRO REY ) Qué puerta ¿? qué templo? Qué Rey ¿? si el Rey está allí presente y no tiene que salir de ninguna parte. Qué nostalgia de la época en que los registas leían los librettos ¡! Y lo peor es que ahora el público percibe mucho más estas contradicciones porque lee la traducción.
La segunda gaffe, más grave, ocurre cuando  Don Carlo saca su espada y se proclama salvador del pueblo fiamingo, ante el estupor general de que alguien se haya atrevido a desenvainar la espada en presencia del Rey. Lo que la obra marca es que el Rey enfurecido ordene que lo desarmen y como nadie lo obedece por temor de enemistarse con alguien que puede después llegar a ser Rey, él mismo toma la espada y se apresta a atacar con ella a su hijo. Rodrigo ante el grave giro que van tomando los acontecimientos se adelanta y le pide a Don Carlo que le entregue su espada ante lo cual éste anonadado por lo que considera la traición de su amigo, obedece. Aquí no ocurre nada de eso. __-Don Carlo desenvaina la espada y se la coloca en el cuello al Rey que así amenazado pide ayuda que le es dada por Rodrigo espontáneamente. Un grave daño para uno de los momentos más dramáticos de la obra.
En lo musical, me parecieron  buenos la dirección de IRA LEVIN ,y  el desempeño de la orquesta y del coro, pero a los tres los he visto en noches mejores, dignas de ser calificadas como memorables , lo que aquí resultaría exagerado.
El elenco fue más bien un elenco no a la altura del Colón o de la suntuosa producción, sino lo que en producciones más modestas puede verse en cualquier Teatro de provincia en Europa en alguna ciudad fuera del circuito lírico principal.
Dos excepciones : la opulencia vocal de FABIAN VELOZ, que sin embargo me pareció menos compenetrado con el papel que en otras actuacioens suyas., y la estupenda creación de ALEXANDER VINOGRADOV, un magnífico Felipe II con una voz de absoluta solvencia en toda la extensión, con un bellísimo timbre y una interpretación dramática de gran nivel. Por él valió la pena la versión.
No voy a ser sádico entrando en detalles sobre las limitaciones de TAMAR IVERI, BEATRIZ URIA MONZON y JOSEP BROS  para respectivamente ELISABETTA,EBOLI y DON CARLO.
La soprano tiene una voz funcional cuando puede cantar a viva voz y tiende a desaparecer cuando tiene que cantar algo menos que forte. Su mejor momento fue el aria del último acto y su peor momento el NON PIANGERE MIA COMPAGNA que más lo marcó que lo cantó. Le erró completamente al personaje que en su interpretación resultó más una mujer amargada y resentida que la dulce víctima de un sacrificio por la paz de su pueblo que  Schiller y Verdi crearon.
URIA MONZON sigue siendo una gran cantante, que no hace papelones, pero su voz acusa el paso del tiempo. Los graves , que nunca fueron su fuerte, se han esfumado, el centro está apoyado de tal manera que parece la voz de una contralto, y los agudos son estridentes. Con todo, su actuación, como es el caso de todas las Ebolis, se superó en el OH DON FATALE, colocó bien los agudos finales y logró quebrar la frialdad conque hasta ese momento la había estado recibiendo el  público.
BROS  estuvo luchando todo el tiempo contra su voz que no es la de un  lírico spinto por cierto Logró hacerse oír en todo momento, lo cual no sé si fue una ventaja. Tendió a desafinar en el ataque de los agudos  que además encaró con una curiosa aproximación consistente en emitir la nota primero y cambiarle la coloración un par de veces sobre la marcha.
Actoralmente  ningún o de los tres resultó más que moderadamente apropiados.
Luz de alarma para LUCAS DEBEVEC MEYER  que tuvo dificultados con graves, agudos y volumen de su Fraile generando aprensiones sobre cómo será su Felipe II en el segundo elenco. Lindas voces de ROCIO GIORDANO y MARISU PAVON como Tebaldo y la Voz del Cielo respectivamente. Muy bien cantado el Heraldo de DARIO LEONCINI en su brevísima intervención
Inaceptable que hayan traído del  exterior para hacer de Inquisidor un bajo con una notoria inadecuación vocal para la parte, como ALEXEI TARNOVITSKI que pasó por un verdadero calvario para cantarla 
Levin y Zanetti optaron por no representar el primer acto que fue eliminado por el propio Verdi al preparar la edición en italiano, por motivos de índole comercial ya que la  obra con los 5 actos quedaba muy larga para el público italiano, no acostumbrado a Meyerbeer o Wagner. Esto lamentablemente debilita mucho la lógica interna del drama ya que es en el primer acto donde ocurren los hechos que hacen explicables las situaciones y los dramas personales que afloran en los actos restantes
Felizmente optaron por mantener el “ sector bélico “ del dúo final soprano-tenor, la escena posterior a la muerte de Rodrigo donde Don Carlo le confiesa a su padre que Rodrigo se hizo culpable para salvarlo a él, dejándolo arrasado.

Levin como se sabe es un cultor de la orquesta fuerte y aquí se mantuvo en sus trece, pero además le dio un destaque para mí exagerado a las segundas líneas melódicas de la partitura, ahogando a veces la melodía de los instrumentos centrales, como en los bellísimos preludios a os dos últimos cuadros.


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