lunes, 30 de julio de 2018

BARDIN DESDE LO ALTO DE SU RECONOCIDA AUTORIDAD, SE ATREVE A DEC IR ALGO QUE YO SIEMRPE PENSE PERO NUNC A TUVE EL CORAJE DE DECIRLO.



PABLO  BARDIN ES UNO DE LOS CRIT ICOS QUE MAS RESPETO EN AMBAS MARGENES DEL PLATA  Y SI DE ALGO NO ME CANSO ES DE LAMENTAR QUE NUNCA LE HAYAN DADO EL LUGAR QUE LE CORRESPONDIA QUE ERA EL DE DIRECTOR ARTISTICO DEL TEATRO COLON, EN EL CUAL HUBIERA HECHO MARAVILLAS.
En un artículo que publico en el FORO AYACHE ( que autoriza la reproducción de sus materiales siempre y cuando se mencione la fuente ) dice algo que yo siempre pensé pero careciendo de la autoridad del Maestro nunca me atreví a poner por escrito por temor a ser masacrado.
Y es que Wagner como literato no está a la altura de Wagner el músico y que muchas veces como en los actos 2 y 3 de TRISTAN E ISOLDA  es la música la que salva la fiesta frente a fallas notorias del libretto.
Me he tomado la libertad de destacar los párrafos donde así se expresa
“TRISTAN UND ISOLDE” Y BARENBOIM: LO MEJOR DEL AÑO - FESTIVAL BARENBOIM
Por PABLO BARDIN

 “TRISTAN UND ISOLDE”.
Qué duda cabe, en la Historia de la Ópera hay un antes y un después de esta obra fundamental; y su comparación con cualquier otro autor alemán o austríaco revela que Wagner dominó totalmente. Y sin embargo, hay para quien esto escribe errores que la deslucen en cierto grado, pese a que los grandes momentos son muchos y de enorme carga emocional.
Wagner era un hombre muy culto y con gran conocimiento de los mitos celtas y nórdicos. Considerada como unidad, su obra más importante es sin duda “Der Ring des Nibelungen”, donde tanto la narración como la estructura basada en Leitmotiven llegan a su máximo esplendor. En el caso de “Tristan und Isolde” las
fuentes son múltiples, no sólo la de Gottfried von Strassburg que menciona el programa del Colón en la página principal. La leyenda básica nos dice, según Carlos Duverges, que “Tristán era hijo de Rivalin, rey de Leonis, quien sucumbe en una guerra sin llegar a conocer al niño, y de Blancaflor, hermana del rey Marke, que para ocultar el fruto de sus secretos amores tuvo que huir a Bretaña al castillo de su difunto amante, donde muere al dar a luz, y deja este mensaje a su hijo: como has venido al mundo con fatal tristeza, te llamarás Tristán. Criado por su preceptor y luego escudero Kurwenal, llega a la corte de Cornwall, donde reina Marke. El caballero Morold, cuñado del rey de Irlanda y novio de Isolda, cobra todos los años un tributo a los de Cornwall. Tristán lo desafía y le da muerte; proclama su victoria ante el pueblo y hace mandar la cabeza del vencido a Irlanda; pero a su vez fue herido por la espada envenenada del enemigo, y en frágil barca y haciéndose llamar Tantris” (muy mediocre decisión ya que sólo un tonto no se daría cuenta que es Tristán) “pide a Isolda” (que no lo conoce) “que curara sus heridas con sus artes en
la preparación de ungüentos”. Pero ella “descubre en la espada del herido una mella a la cual se adapta un fragmento que ella conservaba y que encontró incrustada en la cabeza de Morold. Decide matar a Tristán pero él la mira de tan extraña manera que ella deja caer el arma, quedando desde entonces enamorada del héroe. Esto es invención de Wagner, no se encuentra en ninguna de las versiones de la leyenda, y es el punto desde el cual se desarrolla todo el drama”.

Vale la pena citar a Heráclito: “Todo mana de las fuerzas del universo y en este eterno fluir se halla también la esencia del ser humano”. El extraordinario Preludio al Primer Acto se inicia con un Leitmotiv que ha hecho correr ríos de tinta, porque sus dos frases abren el camino a la armonía moderna, y es nada menos
que el del Deseo que dominará toda la tragedia. En este Wagner el amor es doloroso y terrible y está ligado a la muerte. Sigue luego otro tema fundamental, la Mirada, sin la cual Isolda no se hubiera enamorado, y su variante, el Filtro de amor. Pero también aparecerá el Filtro de muerte en los bajos, y el Delirio de amor. Este Preludio irresistible en su riqueza melódica y armónica se une tan naturalmente con la Muerte de amor que cierra el Tercer Acto que Wagner realizó una transcripción de la segunda para orquesta, y así se lo da en concierto como poema sinfónico, aunque a veces también con la voz de Isolda.

Creo que el Primer Acto es el mejor narrado y deja bien en claro la entereza y garra de Isolda comparada con las poco heroicas y éticamente vulnerables actitudes de Tristan. Y siento que aparte del Preludio es igualmente genial el relato que Isolde le hace a Brangäne sobre lo que realmente ocurrió. Porque él buscó a Isolde para curarlo habiendo matado a Morold, y porque luego como Tristan quiso engañar a Isolde pretendiendo no ser Tantris (como si ella fuera incapaz de reconocerlo) y porque elegir a Isolde como mujer de Marke era insultarla como Princesa de Irlanda; nada de esto es digno del héroe alabado sin límites por Kurwenal. No acepto el criterio de Duverges que él también se enamoró al mirarla, es no entender que sólo hubiera habido muerte si Brangäne no hubiera cambiado el filtro de
la Muerte por el del Amor, ambos preparados por la madre maga de Isolde (jamás vemos ni a la madre ni al padre de Isolde). Las frases de Isolde son tremendas; en contra de los de Cornwall: “¡Oh, raza degenerada, indigna de tus antepasados!” Con referencia al viento: “¡Despertad de su sopor al mar que duerme! ¡Destrozad la altiva nave!” Y en cuanto a Tristan, hablando consigo misma: “¡Por mí elegido, por mí perdido! ¡Cabeza y corazón consagrados a la muerte!”.

Y la música que lo acompaña es de extremo dramatismo al referirse al viento, pero luego es lenta y trágica al pensar en Tristan, con los temas del Deseo y la Muerte. No coincido con Barenboim, que opina que es una ópera sobre la muerte, no sobre el amor; yo creo que es sobre las dos cosas y con la misma importancia. Isolde dice a Brangäne con respecto a Tristan: “en vez de novia un cadáver conquistó para su amo”. Hay dos cuestiones esenciales para Isolde: la defensa del honor como Princesa de Irlanda y el resentimiento por su amor no correspondido (y quizá sentirse culpable por amar a quien mató a su novio). Cuando Brangäne lleva el mensaje
a Tristan que debe acercarse a Isolde y respetarla, aparece el Leitmotiv de la Fatalidad. Él evade ir a verla con corteses palabras, pero Kurwenal contesta a Isolde con una irónica Canción de Morold, y los Marineros cantan las últimas frases: “¡Salve a nuestro héroe Tristan que supo pagar el tributo!”. Me referí más arriba a la escena en la que Isolde cuenta a Brangäne la verdad como genial, y lo es en música y texto. Y hay una diferencia crucial con el mito: “en una barca frágil yacía un hombre desvalido y moribundo”. O sea que es Isolde quien lo encuentra, quizá desde otra barca o desde la costa de Irlanda; pero él conoce a Isolde y a su arte curativa. Luego una frase aclara que “su herida viene de Morold”, no de cualquier otro guerrero. Y expresa que “su condición me dio lástima”, no menciona amor; sin embargo, dice enseguida: “yo restañé la herida para que él, una vez curado, no me importunase más con su mirada”. Brangäne cae en la cuenta: “¿El huésped a quien yo te ayudé a curar?”. Isolde: “me prometió con mil juramentos eterna gratitud y lealtad”. Pero volvió como Tristan, arrogante, para ser esposa de Marke. Y aquí queda claro el sentido del honor y también el hecho de que Irlanda no ha sabido encontrar sucesor al héroe Morold: “En vida de Morold ¿quién se hubiese atrevido a proponernos tal ultraje?”. Y también que la autoridad del Rey Irlandés, padre de Isolde, no es la de un líder fuerte: Tristan pide la corona de Irlanda para el tributario Rey de Cornwall. La tradición del héroe como guerrero poderoso está no sólo entre los celtas, también entre los anglosajones y los nórdicos, y los libros de caballeros guerreros admirados por matar por docenas pulularon en el Medioevo, como “Amadis de Gaula”, y de allí la inmortal parodia del “Don Quijote” cervantino. Lo curioso es que simultáneamente, en los siglos del tardío Medioevo, aparecieron los adalides del amor cortés, trovadores, troveros y Minnesänger. De esto último se ocupó el “Tannhäuser” de Wagner. En esta narración de Isolde se agregan los Leitmotiven de la Ira, la Exaltación, Tristan herido y Fama mundana e Imprecación. Y termina: “¡Maldición sobre tu cabeza! ¡Venganza y muerte! ¡Muerte para ambos!”. Brangäne trata de encontrar el lado bueno a las actitudes de Tristan porque tiene un respeto reverencial por los héroes y reyes de Cornwall, pese a que ella presumiblemente es también irlandesa (esto no se aclara), quizá porque son celtas tanto en Irlanda como en Cornwall. En toda la ópera no hay la menor mención de otros reinos no celtas, ni de nada religioso cristiano o pagano. Isolde: “Ver al más sublime de los hombres sin que me ame siempre cerca de mí ¿cómo podría sufrir tal tormento?” (lo acaba de anatemizar pero es “el más sublime de los hombres” cuando ella misma demostró que sus actitudes son carentes de toda ética). Y aquí viene el otro punto esencial: los brebajes de la madre de Isolde; Brangäne elige el del amor, Isolde el de la muerte. Kurwenal irrumpe para que Isolde se prepare para el desembarco, ella contesta: sólo acompañará a Tristán “a comparecer ante el Rey Marke si conforme al honor y al derecho reciba yo antes satisfacción por una deuda no saldada” y por ella deberá implorar su perdón. Kurwenal sale a avisar a Tristan, e Isolde ordena a Brangäne: “¡Adiós, debo despedirme del mundo, saluda a mi padre y a mi madre!; el filtro de reconciliación prepara con rapidez” (y se escucha Filtro de muerte). Le pide fidelidad a Brangäne y prorrumpe en “¡Oh muerte, eterna gracia!”. El Leitmotiv del Destino, pesado y contundente, acompaña la entrada de Tristan. Él: “Enseñan las buenas costumbres que al conducir a una novia quien la pidió para esposa de otro debe mantenerse apartado de ella”. Ella: “Recuerda este precepto: Reconcíliate con el enemigo si quieres que te ensalce como amigo”. “Una deuda de sangre se cierne entre nosotros”. Él: “Fue borrada”. Ella: “¡No entre nosotros!”. Él: “ante el pueblo entero la paz fue jurada”. Ella: “Yo no lo juré”. Él: “¿Qué jurásteis?”. Ella: “¡Vengar a Morold!”. “Al caer él cayó mi honor. Juré que si ningún hombre vengaba el crimen yo tendría valor para hacerlo”. Pero al ofrecerle él la espada para sacrificarlo, ella se niega y le dice, tomemos la copa de reconciliación. Tristan toma su decisión intuyendo que es el filtro de muerte: “Propicio néctar de olvido, ¡yo te bebo sin titubear!”. Y ella, arrebatándole la copa, “¡La mitad para mí!”. Muy largo silencio, hasta que exclaman “¡Tristan! ¡Isolde!” y se abrazan. Coro de hombres: “¡Salve al rey Marke!”. Brangäne exclama: “¡Inevitable sufrimiento eterno en vez de breve muerte!”. Dúo con nuevo Leitmotiv: Delirio de amor. Brangäne admite ante Isolde que le dio el brebaje de amor. Ella cae desvanecida en brazos de Tristan. Y unas damas de compañía que hasta entonces no habian aparecido (y son prescindibles) socorren a las señoras. No sólo los marineros, también los caballeros que antes no habían aparecido, festejan la llegada; se ve un castillo en el tope de un peñasco. Se escuchan desde la costa trompetas y trombones. Y en un arrebato brillante y alegre cierra el acto. Queda claro que Marke y su corte están llegando pero no suben al barco.

Si entré en tanto detalle sobre el Primer Acto es porque casi todo el contenido dramático pertinente está desarrollado allí, donde no sobra nada en la casi hora
y media. Pero esto no es así en los Actos 2º y 3º, donde la calidad literaria baja mucho y la excesiva longitud wagneriana es contraproducente no sólo en lo dramático, sino porque hay una exigencia exagerada a los protagonistas. Tristán e Isolda son personajes demoledores, tanto como Sachs en “Los Maestros Cantores”, Alberich en “El oro del Rhin”, Sigfrido, Brunilda en “El Ocaso de los Dioses” y el Wotan de “La Walkiria”. En Bayreuth se hacen sin cortes pero el teatro es chico y la orquesta está suavizada; en grandes teatros como el Colón, pese a su notable acústica, el desgaste vocal es mucho mayor. Sin embargo los grandes intérpretes a veces se
han negado a hacer cortes;
Behrens no admitió cortes como Brunilda en “Ocaso” y dijo al director Decker que cualquier corte afectaba su creación del personaje; sin embargo esta actitud es poco habitual, y hasta Hotter admitió cortes en su Wotan. Y muy pocos han tenido el timbre tan especial que necesita Tristan, un Heldentenor (tenor heroico) que debe tener el rango de un tenor pero la riqueza tímbrica oscura de un barítono. Para mí sólo dos: Lauritz Melchior es el mejor de la historia y por suerte hay testimonios de su Tristán en Buenos Aires, en discos grabados con la dirección de Roberto Kinsky, ideal en voz e interpretación; el otro es Ramón Vinay,
su versión de Bayreuth con Mödl y la dirección de Karajan es de una intensidad indescriptible; tanto él como su Isolde tienen algunos problemas vocales pero la comunicación del drama es magnífica; qué pena que ni ellos ni Melchior pueden verse en DVD (creo). Tampoco abundan las Isolde, pero incluso ahora aparecen en mayor cantidad que los Tristan. El problema con lo que sobra en los Actos 2º y 3º de esta ópera es que musicalmente hasta lo más flojo resulta interesante; pero siempre sentí que el interminable ensalzamiento por parte de Tristan e Isolde de la noche como protectora de los amantes y el rechazo del día porque rompe el
hechizo alarga innecesariamente el justamente famoso Dúo de amor. Otra cuestión redundante es el asunto de la traición y de la fidelidad; esta última, no en el amor sino hacia la persona de la cual se depende (rey, princesa, héroe). Y otra son los “raccontos” innecesarios de lo que ya se sabe. No me cabe duda, la historia como
tal podría haberse contado en tres horas en vez de cuatro, y la monotonía del relato sólo se salva porque la música wagneriana tiene tal poder de comunicación que las reservas pasan a un segundo plano.

Y bien, ¿qué pasa en el Segundo Acto? Como suele ocurrir en las óperas, hay un salto en el tiempo pero no se explica cuánto. El urgente y dinámico Preludio alterna los Leitmotiven del Día, Impaciencia, Ardor amoroso, Deseo y Pasión fatal. Que quede claro (ya que en esta puesta no se notó) que estamos en la habitación de Isolda en el castillo de Marke y se ve un espléndido jardín con grandes árboles; en la puerta hay una antorcha encendida; hay una escalinata; y estamos en verano. Wagner marca, con respecto a las trompas de caza: deben ser seis al menos (si se pueden doblar y hasta triplicar, mejor) y las coloca al fondo de la escena pero detrás de una tela que no permite verlas; la fanfarria se inicia ff y con los pabellones hacia arriba, y luego disminuye gradualmente su intensidad hasta desaparecer. Nos cuenta Brangäne que un Tristan trémulo entregó una pálida novia a Marke, quien creyó que eran los efectos de un largo viaje. Y que Melot los observaba y tiende redes en secreto; pero Isolde lo cree leal. Brangäne le dice: “Hoy, por consejo de Melot, esta cacería nocturna fue decidida con precipitación”. Sin embargo Isolde insiste que apague la antorcha, señal para que Tristan venga. Y defiende al Amor; “Vida y muerte siguen sus leyes trocando el odio en amor”. Como Brangäne no quiere apagar la antorcha, lo hace Isolde. Pero antes de llegar al Dúo de amor conviene reflexionar: Wagner no nos da ningún dato en cuanto a varios asuntos: cuántos encuentros amorosos han tenido; crucial: en qué está la relación de Marke con Isolde: ¿se casaron? En ese caso ¿hubo contacto carnal? ¿se casarán?
O sea que narrativamente hay un hiato muy impreciso. Y ahora el Dúo, que se inicia impetuoso, abrazándose, y con un texto inconexo pero que da la sensación de que ha pasado tiempo considerable desde que pudieron verse. (Se supone que de día muchos pueden vigilarlos y de noche o ella está con Marke o con Brangäne).
Y el texto también cae en exageraciones poco felices: “Invencible, inefable y celestial placer, sin límites, sobrehumano, eterno, delirio de alegría, rapto del mundo a las celestiales alturas”. Conviene hacer notar que, único fragmento en la obra, Isolde debe llegar dos veces al Do agudo. Y es a partir de allí que se inicia el fastidioso asunto del rechazo del día y los malos argumentos al respecto por parte de ambos. Y es muy largo. Pero el siguiente fragmento tiene un inmenso lirismo y es de lo mejor en la obra: con los Leitmotiven Himno a la Noche y Ensueño de amor el tierno dúo nos dice: “¡Desciende, noche de amor! ¡Dame el olvido de que vivo, libérame del mundo!” Y mientras ellos se abrazan en mudo éxtasis, canta Brangäne la amplia melodía de “Einsam wachend” (“Sola velo”) invisible desde lo alto del torreón.

Ella anuncia que el día está cerca, y ellos se dicen: ¡Deja que el día ceda ante la muerte!” Porque creen en un amor eterno y por ende para ellos la muerte sólo significa que en el más allá estarán eternamente juntos. Y filosofan al respecto un buen rato con música bellísima. Cada vez más exaltados, mencionan la Muerte de amor (“Liebestod”) y cómo alcanzarla “en los eternos lares de los espacios inconmensurables”. “Sin fin, eternamente, en la suprema voluptuosidad del amor”. Pero el despertar del éxtasis será terrible: entra impetuosamente Kurwenal y dice: “Sálvate, Tristan”; éste no reacciona (parece inútil la presencia de Kurwenal para cantar una sola frase y luego no hacer nada). Llegan repentinamente Marke, Melot y cortesanos en traje de caza. Melot dice a Marke: “Los acusé con razón. ¡Por ello di en prenda mi cabeza, ahora la rescato! Tu nombre y honor he salvado del oprobio”. Marke a Melot: “¿Crees realmente haberlo hecho?” (Leitmotiv Dolor de Marke). “¿Adónde está la fidelidad si Tristan me engañó? ¿Qué se hizo del honor y la nobleza?” (y otro emocionado Leitmotiv, “Consternación”). “¿No aprecias su gratitud,
ya que todo cuanto le habías conquistado, gloria y reino, te legaba en herencia y patrimonio? Sin hijos le dejó su esposa” (que murió) “y te amaba tanto Marke que renunció a casarse otra vez” (o sea, lo trataba como un hijo). Y nos enteramos de algo importante: “me amenazaste con abandonar para siempre la corte y el país si
tú mismo no eras enviado en busca de la novia para el rey”. Luego ensalza la belleza de Isolde, y le espeta a Tristan: “¿Por qué agraviarme así, desventurado, con
tan acerbo dolor?” Y al final este hombre de gran bondad se encoleriza (Leitmotiv Ira). (Pero Marke como rey no puede evitar guerrear porque era una época de reyezuelos tribales que estaban en perpetua lucha ya sea por defender sus tierras o ganar nuevas por conquista: el tributo cobrado por Morold era para mantener la paz). Cuando Tristan le contesta, apesadumbrado, que no se lo puede explicar, enseguida pide a Isolde que lo acompañe: “En el país soñado por Tristán no brilla nunca el sol” (la muerte); y evoca su nacimiento que causó la muerte de su madre. Pero Isolde le contesta de distinto modo: “Me prometes tu patrimonio y vas a enseñarme tus dominios: ¿Cómo no acudir gustosa a ese país que abarca mi mundo entero?” (pero no hubo mención de tal patrimonio, que nos enteraremos en el Tercer Acto es Kareol en Bretaña). Melot furioso reta a duelo a Tristan, y éste contesta: “Era mi amigo, me profesaba gran cariño y lealtad. Tu mirada, Isolde, también lo cegaba. ¡Por celos me traicionó mi amigo ante el rey, a quien traicioné!”. Se lanza sobre Melot pero deja caer su espada; Melot lo hiere; cae el telón. O sea, Tristan quiere morir. Dos reflexiones: una traición como la de Tristan implicaba entonces el cadalso, pero nada en el dolor de Marke, incluso iracundo, parece llevar a eso; ante la grave herida, nos enteramos luego, Marke permite a Kurwenal que lo lleve a Kareol, pero retiene a Isolde; no actuará contra ella pero no la dejará partir. Y Brangäne, sintiéndose culpable del cambio de filtro (también lo sabremos después) no se anima a contarle a Marke la verdad; cuando lo hace Marke no actúa contra ella, sino que se alegra y quiere ir a Kareol.

El Preludio al Tercer Acto es lento y muy expresivo, con Leitmotiven nuevos: Soledad, Desesperanza, Angustia de Tristan. Resulta interesante que Wagner aprovecha una melodía de las Cinco canciones sobre textos de Mathilde Wesendonck, que fue su amante y presunta inspiración para la ópera. Estamos en el castillo semi-derruido de Tristan en Kareol, sobre un acantilado; se ve el mar. Sobre un rústico camastro, a la sombra de un añoso tilo, está tendido Tristan, que parece muerto. Un pastor toca una melodía triste y Wagner especifica que debe ser tocada por un solista de corno inglés de gran talento; es una de sus mayores inspiraciones porque da una fuerte sensación de antigüedad y logra ser de una tristeza penetrante y solitaria. El pastor dialoga con Kurwenal, que le pregunta si no
ve venir a un navío, ya que sólo si llegara quien pueda curar a Tristan él no moriría. “¡Si vieras el buque toca una melodía alegre!”. Y sucede lo inesperado: Tristan con voz apagada expresa: “¡La vieja melodía! ¿Quién me despierta?”. Kurwenal reacciona con júbilo: “Estás en Kareol. ¿No reconoces el castillo de tus padres?”.
Y aparece el alegre Leitmotiv de Kareol. “Tus vasallos cuidaron lo mejor que pudieron la casa y el castillo, que mi héroe dio en herencia y propiedad a su gente cuando todo lo abandonó para ir a lejanas tierras”. “Viniste en un pequeño barco conmigo y te llevé sobre mis hombros a la playa y ahora estás en tu hogar”. Y ahora Tristan expresa meditaciones metafísicas sutiles: “Estuve donde he permanecido siempre y hacia donde partiré eternamente. En el vasto reino de la noche universal sólo se posee un conocimiento: ¡el divino, eterno y primitivo olvido!”. Pero luego vuelve a su manía contra el día que le arrebata a Isolde, y se agita cada vez más hasta llegar a un estado de exaltación (la música es de una intensidad asombrosa). Kurwenal: “Envié a Cornwall un hombre fiel que en breve por mar te traerá a Isolde”. Tristan lo abraza: “Caro amigo, fiel sin claudicaciones. Mi escudo y reparo fuiste en mis luchas y combates. No te perteneces, eres únicamente mío. Pero aunque sufras si yo sufro, lo que yo padezco no puedes tú sufrirlo”. Luego: “¿no ves el barco?”. Kurwenal: “no hay barco a la vista”. Entonces Tristan llevado por la melodía triste recuerda conmovido su infancia y la muerte de sus padres. “¿A qué sino fui consagrado yo al nacer? La arcaica melopea me lo contesta: ¡para desear
y morir! Desear hasta la muerte sin poder morir de deseo”. Y luego recuerda el filtro y su terrible influjo y nuevamente se exalta hasta desvanecerse. Es música desesperada y angustiosa, magistral pero amarga. Pero se reanima y canta una reflexión tierna y bellísima: “Und drauf Isolde”, donde quiere creer que llega su amada. Luego se inquieta y maltrata a Kurwenal porque no la ve (un feo rasgo wagneriano: tanto Tristan como Isolde insultan a sus más fieles servidores). Y de repente sucede: se escucha una melodía alegre y primitiva y Kurwenal ve un navío que viene desde el Norte. Aquí una aclaración: Wagner pide construir un instrumento similar al Alpenhorn o sino reforzar al corno inglés con oboes y clarinetes, pero no menciona una trompeta piccola que es lo que creo usó Barenboim y cuya afinación fue deficiente en la parte más rápida. Así como insultó a Kurwenal, ahora lo alaba porque el barco pasó el peligro y está por atracar en la costa, e hiperbólicamente le lega sus dominios y sus bienes (pero Kurwenal hace que no lo oye). Llega Isolde y Kurwenal informa a Tristan que la va a buscar, aunque le encarece quedarse tranquilo esperando. Sucede lo contrario: su estado nervioso es tal que llega a expresar: “¡Con sangrienta llaga voy a conquistar ahora a Isolde!”, y se arranca el vendaje que cubre su herida. “¡Que mane mi sangre alegremente!”. Y al escuchar a Isolde: “¡Tristan! ¡Amado!”, canta Tristan agitadísimo “¡Hacia ella!”. Va al encuentro de Isolde, quien lo recibe en sus brazos; Isolde sólo atina a decir “¡Tristan! ¡Ah!”, y Tristan se desploma , muriendo con los ojos fijos en ella
no sin antes volver a invocar su nombre: “¡Isolde!”. Y ella, con él ya muerto, monologa: “¡Isolde ha llegado para unirse con Tristán en la tumba!” Y agrega muchos lamentos más hasta desvanecerse sobre el cadáver de su amado. El Pastor avisa a Kurwenal que se acerca otro barco, y éste reacciona rabioso, creyendo que son enemigos; entra el Piloto, cuyas únicas frases son: “Marke se acerca con su gente. No luches, estamos perdidos”. Llama Brangäne, “¿Dónde está Isolde?” pero Kurwenal, fuera de sí, la cree traidora; y Melot aparece: “¡Retrocede, tonto! ¡Deja pasar!”. Kurwenal lo mata. Seguidores de Kurwenal (que sólo aparecen en este momento) combaten con los guerreros de Marke. Y éste le dice: “¿Te has vuelto loco?”. Y Kurwenal: “¡Aquí sólo hay muerte1 ¡Si la buscas, ven!”. Llega Brangäne, trata de reanimar a Isolde. Marke busca a Tristan; Kurwenal, gravemente herido, le dice: “Está aquí, donde yo yazgo”, y muere. Marke se lamenta. Brangäne cuenta
a Isolde, reanimada, que ahora Marke sabe la verdad, y viene a liberarla y entregarla a su amigo (esto sugiere que la boda no se había realizado aún). Y Marke se lo reafirma enseguida. Pero ya Isolde no los oye. Y canta el célebre “Liebestod” mirando a Tristan: “Mild und leise wie er lächelt (“Suavemente él sonríe“). Inútil detallar una música que todo melómano reconoce y se emociona escuchándola. Los temas de la Muerte de amor y Apoteosis de Amor alternan con los del Destino, de la Pasión fatal y del Deseo en la más pura exaltación del amor eterno. Y su última frase es: “en el infinito hálito del alma universal, perderse, sumergirse sin conciencia, ¡supremo deleite!”. Isolde, transfigurada, cae muerta sobre Tristan. El rey los bendice. Y así termina el más elaborado y sensual homenaje al amor que se haya compuesto, prodigioso pese a sus fallas.

Es una ópera muy estática en cuanto al movimiento escénico, aunque hay momentos activos aislados: las irrupciones de Marke y acompañantes en los actos
2º y 3º. Pero la inmensa variedad de la música, que va acompañando con distintas velocidades cada aspecto psicológico, el entramado fascinante de los Leitmotiven, la orquestación innovadora que da fuerte relieve al clarinete bajo o al corno inglés, p.ej., y la afinidad con el período histórico evocado, hacen de “Tristan und Isolde” un fenómeno extraordinario y único en la historia. Wagner asimila influencias literarias, como el pesimismo de Schopenhauer, pero les da un sesgo propio, más allá
de obsesiones negativas ya mencionadas.

He utilizado en este artículo tanto la traducción del texto como el título de cada Leitmotiv según el viejo libro de Duverges. Y como “Tristan und Isolde” es muy compleja y no estoy escribiendo para un diario, me explayé en mis ideas sobre la obra. Por eso, y como excepción, envío este artículo como Primera Parte. A la brevedad enviaré una Segunda Parte que analizará la versión que vimos y algunas consideraciones generales que creo pertinentes.




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